lunes 10 de noviembre de 2008
sábado 5 de abril de 2008
(o de cómo una rata no puede explicar el punto de vanidad que invade a las personas que, sin ser temerosas de Dios ni de las ratas como yo, exhiben sin pudor sus nefandas creaciones al resto de mortales, tales que llegan incluso a laudarse a ellas mismas)
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Bucenando (bucear y cenar de paso) por las alcantarillas virtuales, esta rata, que persigue al hombre en busca de esa metafísica que le explique su razón de ser, ha encontrado, poblando la blogsfera, otro de los muchos blogs bubónicos, que son a un mismo tiempo manifestación intrínseca de la decadencia de la especie humana y manifestación palpable de que las ratas y los humanos no nos parecemos ni en los pelos. Demostrado quedó por los expertos llamados “científicos” que las ratas somos supervivientes innatas. Sin embargo, hoy casi me quedo con mis patitas hacia arriba olisqueando por Internet.
Cosechando información sobre el genial Jorge Luis Borges, apareció entre los muchos desechos cibernéticos este blog: “Alitas magicas” (sin tilde). Si bien podría ser el eslogan de una firma de productos higiénicos femeninos (compresas), dista mucho de esto mismo, porque enfrascado en la poesía, la horterada y una irredenta literatura digna de un extraterrestre apareció en la pantalla de mi pecé este señor que además no tiene pudor alguno en mostrar su rostro. Su autor, digno de ponerle un cartelito negro en los ojos (para preservar su anonimato), produce incesante esta bitácora numerosamente felicitada por otros miembros de su especie, que no dudan tampoco en prestar su talento. Analicémosla.
El pasado 11 de marzo publicó un hermoso poema titulado “Te adoro”. Acompañando la maestría de sus palabras es merecedor de nuestra atención el caballito luminoso, chispeante y brillantinoso con el que decora el post. “Yo te admiro yo te adoro /Puede más mi soberbia y te desdoro / Eres mi amor mi gran tesoro /Pero mi fea vanidad, me siento oro”. Soberbia muestra talentosa del arte de la palabra. Es un antoniogala del Nuevo Mundo. ¿Alguien sabe cómo interpretar esto? Ni comas, ni puntos, ni siquiera una ausencia total de sentido justifican el placer de ratita que siento leyendo esto. El último verso de esta primera estrofa consigue trasladar al lector a una psique atormentadamente agitada por las estruendosas pasiones humanas (de las que, a Dios gracias, las ratas no tenemos). Ni tampoco vanidad: porque el primer comentario de su post se lo realiza él mismo diciendo: “Que hermoso, nunca ne había yo leído ha mi mismo, que bello y más bello mi pegaso, con cariño paratodos y para todas [sic]”.
Pero el colmo es una tal María, lectora de este señor que afirma: “Qué belleza Manuel”, incitándole, por ello, a seguir escribiendo… ¿lo dirá en serio? Y en tal caso… ¿lo sabe la ONU?.
El disgusto de esta rata culmina casi con un ataque al corazón viendo el post de algunos días antes. El susodicho Manuel, que bien podría lucir un título nobiliario, a juzgar por lo elevado de sus ideas y su pose, escribe un poema ciertamente desconcertante, arrebatador, neurológicamente peligroso incluso para animalillos acostumbrados como yo a la basura. Léase si no el poema titulado “Mis caminares” y juzguen ustedes mismos, sin dejar de sorprenderse de que sea capaz de cometer tantas faltas de ortografía juntas. A punto de infartar ando yo, y no el poeta este, que por muy loable que sea su labor (siempre hubiera podido hacer algo peor como, por ejemplo, asistir a la reunión de las Azores) debe decirle alguien que por favor lo primero que tiene que hacer es leer, corregir su expresión y cambiarse de jersey para una foto que puede verse en todo el mundo. Menuda joyita ha visitado mi alma de rata.
Cosechando información sobre el genial Jorge Luis Borges, apareció entre los muchos desechos cibernéticos este blog: “Alitas magicas” (sin tilde). Si bien podría ser el eslogan de una firma de productos higiénicos femeninos (compresas), dista mucho de esto mismo, porque enfrascado en la poesía, la horterada y una irredenta literatura digna de un extraterrestre apareció en la pantalla de mi pecé este señor que además no tiene pudor alguno en mostrar su rostro. Su autor, digno de ponerle un cartelito negro en los ojos (para preservar su anonimato), produce incesante esta bitácora numerosamente felicitada por otros miembros de su especie, que no dudan tampoco en prestar su talento. Analicémosla.
El pasado 11 de marzo publicó un hermoso poema titulado “Te adoro”. Acompañando la maestría de sus palabras es merecedor de nuestra atención el caballito luminoso, chispeante y brillantinoso con el que decora el post. “Yo te admiro yo te adoro /Puede más mi soberbia y te desdoro / Eres mi amor mi gran tesoro /Pero mi fea vanidad, me siento oro”. Soberbia muestra talentosa del arte de la palabra. Es un antoniogala del Nuevo Mundo. ¿Alguien sabe cómo interpretar esto? Ni comas, ni puntos, ni siquiera una ausencia total de sentido justifican el placer de ratita que siento leyendo esto. El último verso de esta primera estrofa consigue trasladar al lector a una psique atormentadamente agitada por las estruendosas pasiones humanas (de las que, a Dios gracias, las ratas no tenemos). Ni tampoco vanidad: porque el primer comentario de su post se lo realiza él mismo diciendo: “Que hermoso, nunca ne había yo leído ha mi mismo, que bello y más bello mi pegaso, con cariño paratodos y para todas [sic]”.
Pero el colmo es una tal María, lectora de este señor que afirma: “Qué belleza Manuel”, incitándole, por ello, a seguir escribiendo… ¿lo dirá en serio? Y en tal caso… ¿lo sabe la ONU?.
El disgusto de esta rata culmina casi con un ataque al corazón viendo el post de algunos días antes. El susodicho Manuel, que bien podría lucir un título nobiliario, a juzgar por lo elevado de sus ideas y su pose, escribe un poema ciertamente desconcertante, arrebatador, neurológicamente peligroso incluso para animalillos acostumbrados como yo a la basura. Léase si no el poema titulado “Mis caminares” y juzguen ustedes mismos, sin dejar de sorprenderse de que sea capaz de cometer tantas faltas de ortografía juntas. A punto de infartar ando yo, y no el poeta este, que por muy loable que sea su labor (siempre hubiera podido hacer algo peor como, por ejemplo, asistir a la reunión de las Azores) debe decirle alguien que por favor lo primero que tiene que hacer es leer, corregir su expresión y cambiarse de jersey para una foto que puede verse en todo el mundo. Menuda joyita ha visitado mi alma de rata.
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RATA NEWS:
¡Lean el último poema publicado en Playas abandonadas (click here)!
domingo 23 de marzo de 2008
(o de cómo contempla incrédula una rata el mundo simbólico humano a través de un himno que difícilmente puede desagradar a cualquier paladar de cualquier ser vivo)
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En mis observaciones de rata, he podido comprobar cómo el ser humano se desenvuelve casi siempre en un mundo simbólico. Este mundo simbólico está relacionado con la capacidad de abstracción que tienen los hombres (y las mujeres). Por supuesto, nosotras las ratas carecemos de estas capacidades innatas de las que hace gala el hombre (y las mujeres).
Por lo demás, aunque el mundo simbólico humano parece una extraordinaria cualidad, no siempre facilita la convivencia de los hombres (y las mujeres). Pongamos un ejemplo clarificador: si una mujer encuentra unas braguitas que no son suyas en la parte trasera del coche que coge habitualmente su marido, ésta colige que alguien que no es ella se ha quitado las braguitas en la parte de atrás del coche que habitualmente coge su marido. Tal razonamiento, aunque parece simple, no lo es: se han puesto en funcionamiento millones de neuronas interconectadas entre sí, que terminarán generando un conflicto alejado del razonamiento ordenado del pensamiento humano.
Otro ejemplo: las naciones (organizaciones humanas delimitadas territorialmente) suelen tener símbolos que, interiorizados a lo largo de siglos (llámese a esto “tradición”), convocan un sentimiento de pertenencia parecido al que tenemos las ratas alrededor de determinados cubos de basura urbanos. Pero estos símbolos interiorizados a veces no han sido interiorizados por todos los miembros de la nación, por lo que surgen conflictos como el de la señora que encuentra las braguitas en la parte trasera del coche que habitualmente coge su marido.
Entre los que se pueden denominar “símbolos humanos conflictivos” están los himnos. Un caso paradigmático es el himno español, que hace entrar en liza a distintos colectivos sociales. En realidad, yo, como rata, ignoro las razones por las que se dan estas desavenencias entre humanos españoles. Sinceramente, creo que el himno que tiene España (pinchad el link del título de este post) es de los mejores himnos que una rata jamás haya escuchado. ¿Qué tiene de malo el himno español?
Escuchándolo, cualquier rata quisiera tener pasaporte de esa organización humana delimitada geográficamente a la que llaman España. Y no parar de escucharlo hasta morirse del gusto. Jamás habrá soñado rata alguna con tanto manjar. ¡Viva España!
Por lo demás, aunque el mundo simbólico humano parece una extraordinaria cualidad, no siempre facilita la convivencia de los hombres (y las mujeres). Pongamos un ejemplo clarificador: si una mujer encuentra unas braguitas que no son suyas en la parte trasera del coche que coge habitualmente su marido, ésta colige que alguien que no es ella se ha quitado las braguitas en la parte de atrás del coche que habitualmente coge su marido. Tal razonamiento, aunque parece simple, no lo es: se han puesto en funcionamiento millones de neuronas interconectadas entre sí, que terminarán generando un conflicto alejado del razonamiento ordenado del pensamiento humano.
Otro ejemplo: las naciones (organizaciones humanas delimitadas territorialmente) suelen tener símbolos que, interiorizados a lo largo de siglos (llámese a esto “tradición”), convocan un sentimiento de pertenencia parecido al que tenemos las ratas alrededor de determinados cubos de basura urbanos. Pero estos símbolos interiorizados a veces no han sido interiorizados por todos los miembros de la nación, por lo que surgen conflictos como el de la señora que encuentra las braguitas en la parte trasera del coche que habitualmente coge su marido.
Entre los que se pueden denominar “símbolos humanos conflictivos” están los himnos. Un caso paradigmático es el himno español, que hace entrar en liza a distintos colectivos sociales. En realidad, yo, como rata, ignoro las razones por las que se dan estas desavenencias entre humanos españoles. Sinceramente, creo que el himno que tiene España (pinchad el link del título de este post) es de los mejores himnos que una rata jamás haya escuchado. ¿Qué tiene de malo el himno español?
Escuchándolo, cualquier rata quisiera tener pasaporte de esa organización humana delimitada geográficamente a la que llaman España. Y no parar de escucharlo hasta morirse del gusto. Jamás habrá soñado rata alguna con tanto manjar. ¡Viva España!
sábado 22 de marzo de 2008
(o de cómo una rata intenta comprender el universo de una subespecie humanoide continuamente cabreada, cuyos miembros se dan apoyo mutuo para no sentirse más desnutridos mentales de lo que en realidad son)
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Como buena rata que soy he husmeado por toda la basura de la Red. Y bueno, aunque he encontrado bocados exquisitos entre tanta porquería, metiendo en el buscador de blogs de Google “porquería” ha salido un blog que, sin duda, debe de ocupar también su especial espacio en mi ranking de blogs bubónicos. ¿Por qué? Por varias razones, queridos amigos roedores, que paso a explicaros a continuación.
La primera de ellas es porque alrededor de este blog hay un sinfín de otros muchos bloggeros que se dejan llevar por un continuo y patológico estado de cabreo. Como rata, he de crear una subespecie humana nueva, que me explique la función social de dichos elementos dentro del proceso vital de los seres humanos. Al parecer todos sienten una profunda aversión por un tal Zporqky. Me he intentado documentar al respecto y nadie me ha sabido explicar quién es este tal Zporky, al que se le insulta continuamente, al que degradan con caricaturas, al que se le acusa de desmembrar España, al que se le atribuyen citas y al que, en general, todos los usuarios de esta red de blogs odian profundamente. Sin duda, mi cerebro de rata me ha dado con la clave para entender a este grupo de creadores obcecados en la mala baba: intuyo que Zporky es, sin temor a equivocarme, su líder.
Llama la atención también el siguiente hecho. En el post “Qué bonita es la multiculturalidad”, el autor ha creado un link a partir de la palabra “niña” (como yo, para que lo veais), lanzándonos a una noticia del diario El País. ¿Por qué es bonita la interculturalidad si los negros se dedican a violar a nuestras patrias vírgenes? Me pregunto como rata y sin atisbo de ironía: el individuo que ha escrito esto en su blog, ¿ha perdido la cabeza…? ¿La ha tenido alguna vez? ¿Su madre será una meretriz de Ganha? No entiendo absolutamente nada, queridos congéneres.
La segunda razón que me obliga a instaurar este blog en el ranking bubónico es el conjunto estruendoso de voces, links, fotografías, vídeos y demás atropellos al buen gusto y a la ética que han colgado por toda la Red. Vamos, que con unos meses de trabajo más estos humanos dejan Internet hecha un rastro, llegando incluso a preconizar el final de los tiempos en corrillo, así, en plan secta milenaria.
Y la última razón es que se merecen un cariñoso y roedor tirón de orejas. Me explico: al ser elementos que representan una nutrida minoría recubierta por una inigualable costra de estruendosa procacidad y además ser casi todos ellos lectores de Julia Navarro y oyentes de la Cope, hemos de destacar la gran función social que desempeña Internet para hacerles sentirse iguales a otros miembros de sus sociedades. Sin Internet estos desnutridos mentales que firman tales cosas, caerían en una depresión que les llevaría a agravar su situación. Leyéndose entre ellos, se sienten acogidos en la sociedad humana, lo cual dignifica su evidente condición de disminuidos, potenciando, a su vez, la enorme labor de su líder, ese tal Zporky.
La primera de ellas es porque alrededor de este blog hay un sinfín de otros muchos bloggeros que se dejan llevar por un continuo y patológico estado de cabreo. Como rata, he de crear una subespecie humana nueva, que me explique la función social de dichos elementos dentro del proceso vital de los seres humanos. Al parecer todos sienten una profunda aversión por un tal Zporqky. Me he intentado documentar al respecto y nadie me ha sabido explicar quién es este tal Zporky, al que se le insulta continuamente, al que degradan con caricaturas, al que se le acusa de desmembrar España, al que se le atribuyen citas y al que, en general, todos los usuarios de esta red de blogs odian profundamente. Sin duda, mi cerebro de rata me ha dado con la clave para entender a este grupo de creadores obcecados en la mala baba: intuyo que Zporky es, sin temor a equivocarme, su líder.
Llama la atención también el siguiente hecho. En el post “Qué bonita es la multiculturalidad”, el autor ha creado un link a partir de la palabra “niña” (como yo, para que lo veais), lanzándonos a una noticia del diario El País. ¿Por qué es bonita la interculturalidad si los negros se dedican a violar a nuestras patrias vírgenes? Me pregunto como rata y sin atisbo de ironía: el individuo que ha escrito esto en su blog, ¿ha perdido la cabeza…? ¿La ha tenido alguna vez? ¿Su madre será una meretriz de Ganha? No entiendo absolutamente nada, queridos congéneres.
La segunda razón que me obliga a instaurar este blog en el ranking bubónico es el conjunto estruendoso de voces, links, fotografías, vídeos y demás atropellos al buen gusto y a la ética que han colgado por toda la Red. Vamos, que con unos meses de trabajo más estos humanos dejan Internet hecha un rastro, llegando incluso a preconizar el final de los tiempos en corrillo, así, en plan secta milenaria.
Y la última razón es que se merecen un cariñoso y roedor tirón de orejas. Me explico: al ser elementos que representan una nutrida minoría recubierta por una inigualable costra de estruendosa procacidad y además ser casi todos ellos lectores de Julia Navarro y oyentes de la Cope, hemos de destacar la gran función social que desempeña Internet para hacerles sentirse iguales a otros miembros de sus sociedades. Sin Internet estos desnutridos mentales que firman tales cosas, caerían en una depresión que les llevaría a agravar su situación. Leyéndose entre ellos, se sienten acogidos en la sociedad humana, lo cual dignifica su evidente condición de disminuidos, potenciando, a su vez, la enorme labor de su líder, ese tal Zporky.
viernes 21 de marzo de 2008
(o de cómo una rata vulgar siente vergüenza ajena analizando las reflexiones de una escritora que, con sólo dos deditos, es capaz de escribir novelones malísimos)
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Una mente simple de roedor no pude menos que someterse a la luminiscente inteligencia de otro ser humano. La profundidad de sus ideas, el elevado sentido de la labor literaria y sobre todo su agilidad escribiendo en el ordenador hacen que mi cuerpo de rata se ponga rígido como si hubiera tomado del peor matarratas que el hombre y la química hubiesen inventado cuando veo a la talentosa y trabucada Julia Navarro, autora de entre otras joyas, de “La Biblia de barro”
Se nos acusa a las ratas de ser seres repugnantes que provocamos infecciones, pero si las autoridades sanitarias pinchasen en el link que aporto arriba comprobarían que hay humanos mucho más proclives a provocar tumefacciones. Quien no se lo crea que observe este vídeo (pinchar link del título) y lea y observen y degusten lo que hace esta escritora patética. Pero lo peor no es ver su imagen de obtusa intelectual, sino leer lo que ante la pantalla de su ordenador, sin pudor, escribe esta señora tan señoreada, que bien podría semejarse a la ratita presumida.
La vacuidad de sus ideas, la torpeza mental y, sobre todo, el hecho de que sea una superventas me hace reflexionar un minuto: ¿por qué los humanos huyen de la basura y luego leen a esta eminente escritora que se “trabuca”, término este asaz arriesgado en el panorama literario español? Nos pide a los lectores que seamos benévolos y lo dice así: “ser [sic] benévolos”, empleando el infinitivo en vez del imperativo. Imaginemos, por tanto, el perfil de sus lectores y la naturaleza lingüística de sus novelones.
Una autora que escribe con sus dos dedos índices novelas de quinientas páginas y que sin contemplaciones se ha forrado con una novela que no he leído no merece el respeto de esta rata. No la he leído y ni lo voy a hacer, porque ante todo, ¡dignidad! Vale que soy una rata, pero el género histórico al que ella apela (“por el hecho de tener tiempo toda novela es histórica”, afirma, aseveración que cualquier humano inteligente calificaría de simple y llana jilipollez) es un género que sin duda “otros” han debido de escribir para ella. Quizás una rata negra, lo que en términos humanos es un “negro literario”.
Me resisto a pensar que hacer públicamente el ridículo sea un modo de mostrar más humano al artista. Artistas hay pocos, y desde luego la revista Qué leer le ha hecho un flaco favor a esta señora, si lo que pretendía era enseñarnos el complejo mundo creativo de un escritor.
Queridos lectores… vuelvo a mi alcantarilla, no vaya a ser que se me suban los colores de tanta vergüenza ajena.
Se nos acusa a las ratas de ser seres repugnantes que provocamos infecciones, pero si las autoridades sanitarias pinchasen en el link que aporto arriba comprobarían que hay humanos mucho más proclives a provocar tumefacciones. Quien no se lo crea que observe este vídeo (pinchar link del título) y lea y observen y degusten lo que hace esta escritora patética. Pero lo peor no es ver su imagen de obtusa intelectual, sino leer lo que ante la pantalla de su ordenador, sin pudor, escribe esta señora tan señoreada, que bien podría semejarse a la ratita presumida.
La vacuidad de sus ideas, la torpeza mental y, sobre todo, el hecho de que sea una superventas me hace reflexionar un minuto: ¿por qué los humanos huyen de la basura y luego leen a esta eminente escritora que se “trabuca”, término este asaz arriesgado en el panorama literario español? Nos pide a los lectores que seamos benévolos y lo dice así: “ser [sic] benévolos”, empleando el infinitivo en vez del imperativo. Imaginemos, por tanto, el perfil de sus lectores y la naturaleza lingüística de sus novelones.
Una autora que escribe con sus dos dedos índices novelas de quinientas páginas y que sin contemplaciones se ha forrado con una novela que no he leído no merece el respeto de esta rata. No la he leído y ni lo voy a hacer, porque ante todo, ¡dignidad! Vale que soy una rata, pero el género histórico al que ella apela (“por el hecho de tener tiempo toda novela es histórica”, afirma, aseveración que cualquier humano inteligente calificaría de simple y llana jilipollez) es un género que sin duda “otros” han debido de escribir para ella. Quizás una rata negra, lo que en términos humanos es un “negro literario”.
Me resisto a pensar que hacer públicamente el ridículo sea un modo de mostrar más humano al artista. Artistas hay pocos, y desde luego la revista Qué leer le ha hecho un flaco favor a esta señora, si lo que pretendía era enseñarnos el complejo mundo creativo de un escritor.
Queridos lectores… vuelvo a mi alcantarilla, no vaya a ser que se me suban los colores de tanta vergüenza ajena.
(o de cómo ve una rata un libro que roza la bobería, para regocijo de muchos seres humanos)
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Los libros nunca dejan de sorprendernos a nosotras, las ratas. Sobre todos si son libros tan difíciles de roer como Entre limones, de Chris Stewart. Difícil de roer porque es una novela absurdamente insulsa. Se vende por montones en esos establecimientos que dicen los humanos que son librerías, y son muchos los humanos que se han acercado a estas páginas, ignoro con qué fin.
El caso es que la novela en cuestión carece absolutamente de gracia, da una imagen bastante lamentable de los españoles y está escrita sin un mínimo de estilo literario, algo que esta rata no comprende, porque si es literatura debería estar escrito con más o menos belleza. Simplería ramplona devorada con gusto por una masa de seres humanos que creen haber acertado con este libro. ¿Desgravará en Hacienda comprárselo? No puede haber otra razón: ni siquiera tiene argumento, carece de tensión literaria y, en resumen, no cuenta nada interesante que cualquier rata con un mínimo de inteligencia pueda degustar.
Lo peor no es sólo esto; lo peor del todo es que su autor y su editorial amenazan ya con una segunda parte, que me temo será igual de insulsa como la primera. Intragable, por tanto, este libro, que apela a los lectores que no han atravesado la barrera psicológica del Hola para adentrarse en el autobús con este libro inclasificable, sencillamente por bobo. Exacto, amigos roedores, es un libro bobo. Y ya sabemos todos hacia donde nos conduce la tontuna. La tontuna es peligrosísima, porque nos humaniza. ¡Qué felicidad ser rata!
El caso es que la novela en cuestión carece absolutamente de gracia, da una imagen bastante lamentable de los españoles y está escrita sin un mínimo de estilo literario, algo que esta rata no comprende, porque si es literatura debería estar escrito con más o menos belleza. Simplería ramplona devorada con gusto por una masa de seres humanos que creen haber acertado con este libro. ¿Desgravará en Hacienda comprárselo? No puede haber otra razón: ni siquiera tiene argumento, carece de tensión literaria y, en resumen, no cuenta nada interesante que cualquier rata con un mínimo de inteligencia pueda degustar.
Lo peor no es sólo esto; lo peor del todo es que su autor y su editorial amenazan ya con una segunda parte, que me temo será igual de insulsa como la primera. Intragable, por tanto, este libro, que apela a los lectores que no han atravesado la barrera psicológica del Hola para adentrarse en el autobús con este libro inclasificable, sencillamente por bobo. Exacto, amigos roedores, es un libro bobo. Y ya sabemos todos hacia donde nos conduce la tontuna. La tontuna es peligrosísima, porque nos humaniza. ¡Qué felicidad ser rata!
(o de cómo ve una rata los documentales de La2)
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El reino animal siempre aporta sus sorpresas a los seres humanos, si no que se lo digan a los programadores de televisión, que cada tarde nos torturan (también a nosotras, las ratas informadas) con reportajes sobre la berrea, los ritos de cortejo y demás groserías que, a ojos de cualquiera animal, resultan actos próximos a la pornografía. Y el reino de la blogsfera también depara sorpresas (y no gratas). Un blog muy visitado es el de nuestro congénere Torosalvaje… ¿es posible que un blog titulado así rezume tanto amor, tanta pasión lírica y tanta belleza en verso?
Si bien a primera vista podría tratarse de una bitácora sobre las andanzas de un tiarrón por el madrileño barrio de Chueca, no es así. Es un poeta en toda la regla quien, entre subversivo y procaz, nos muestra las delicias de la poesía lírica actual. Bendito sea el dios de los hombres (bien es sabido que las ratas somos agnósticas).
¿Y cómo se expresa este tozudo hombre de letras? Torosalvaje dijo para la posteridad: “Me susurra la primavera / que quiere besar mi vida / regalándome flores cada día / que olvide el frío oscuro / que ya llegan sus alegrías […]”. Qué hermosa invitación a la primavera, qué gloriosa exaltación báquica del amor en tiempos de flores. El Torosalvaje se convierte en una Dulceoveja con su lira afinada de antiguos aires neoclasicistas. Y así transcurren los días en su bitácora. Léanse, roedores sorprendidos, el poema que este artista de la palabra, publicó en su blog el pasado día 11 de marzo: “Las caretas más temibles / son las que lucen sonrisas / al quitárselas / el contraste es desgarrador”, tan desgarrador, dice esta rata, como leer este poema en voz alta, que supongo, quiere transmitir al lector los ecos desgarradores de una vena creativa imparable, inspirada en la más arcaica tradición epigramática grecolatina, de resonancias orientalizantes.
Qué desgarradora ha sido esta cornada de Torosalvaje al buen saber poético. Es decir, vaya salvajada de poema, comentado, ni más ni menos, que por más de ochenta lectores ávidos de los consejos literarios de este ser humano.
Demasiada belleza para mí, que soy un ser despreciable y que hociquea en la basura. Estoy verdaderamente inflamada por tanto dominio del verso, la métrica y las figuras retóricas. Cuando leí el poema publicado en diciembre de 2006 por este rapsoda lloré por haber nacido rata y no hombre como él: “Me seducen los silencios helados/ que desprenden las estrellas / cuando me evado galopando / en ese fulgor misterioso /que rapta mi ceguera / preludiando una esperanza / como si un relámpago de futuro / iluminara toda la oscuridad / y por unos hermosos instantes / el cielo mágicamente tachonado / se abriera para mostrarme / el secreto de la eternidad”.
Es increíble cómo en una sola oración sin signo de puntuación alguno, este extraordinario ser humano condensa a Fray Luis de León y a San Juan en una mística suprema que, como el mismo Jesucristo, congrega a cientos de fieles que comentan laudatorios esta manifestación artística elevada y misteriosa.
Qué clamoroso ejemplo de poeta malogrado, pienso como rata que soy, que está postrado a una simple página web y no a los altares más altos de la civilización occidental. Grabemos en letras doradas aquello que afirmó: “Tiene que haber un sentido, / un principio irracional y bello / vedado a los ojos del hombre… (y de las ratas como yo, claro está).
Si bien a primera vista podría tratarse de una bitácora sobre las andanzas de un tiarrón por el madrileño barrio de Chueca, no es así. Es un poeta en toda la regla quien, entre subversivo y procaz, nos muestra las delicias de la poesía lírica actual. Bendito sea el dios de los hombres (bien es sabido que las ratas somos agnósticas).
¿Y cómo se expresa este tozudo hombre de letras? Torosalvaje dijo para la posteridad: “Me susurra la primavera / que quiere besar mi vida / regalándome flores cada día / que olvide el frío oscuro / que ya llegan sus alegrías […]”. Qué hermosa invitación a la primavera, qué gloriosa exaltación báquica del amor en tiempos de flores. El Torosalvaje se convierte en una Dulceoveja con su lira afinada de antiguos aires neoclasicistas. Y así transcurren los días en su bitácora. Léanse, roedores sorprendidos, el poema que este artista de la palabra, publicó en su blog el pasado día 11 de marzo: “Las caretas más temibles / son las que lucen sonrisas / al quitárselas / el contraste es desgarrador”, tan desgarrador, dice esta rata, como leer este poema en voz alta, que supongo, quiere transmitir al lector los ecos desgarradores de una vena creativa imparable, inspirada en la más arcaica tradición epigramática grecolatina, de resonancias orientalizantes.
Qué desgarradora ha sido esta cornada de Torosalvaje al buen saber poético. Es decir, vaya salvajada de poema, comentado, ni más ni menos, que por más de ochenta lectores ávidos de los consejos literarios de este ser humano.
Demasiada belleza para mí, que soy un ser despreciable y que hociquea en la basura. Estoy verdaderamente inflamada por tanto dominio del verso, la métrica y las figuras retóricas. Cuando leí el poema publicado en diciembre de 2006 por este rapsoda lloré por haber nacido rata y no hombre como él: “Me seducen los silencios helados/ que desprenden las estrellas / cuando me evado galopando / en ese fulgor misterioso /que rapta mi ceguera / preludiando una esperanza / como si un relámpago de futuro / iluminara toda la oscuridad / y por unos hermosos instantes / el cielo mágicamente tachonado / se abriera para mostrarme / el secreto de la eternidad”.
Es increíble cómo en una sola oración sin signo de puntuación alguno, este extraordinario ser humano condensa a Fray Luis de León y a San Juan en una mística suprema que, como el mismo Jesucristo, congrega a cientos de fieles que comentan laudatorios esta manifestación artística elevada y misteriosa.
Qué clamoroso ejemplo de poeta malogrado, pienso como rata que soy, que está postrado a una simple página web y no a los altares más altos de la civilización occidental. Grabemos en letras doradas aquello que afirmó: “Tiene que haber un sentido, / un principio irracional y bello / vedado a los ojos del hombre… (y de las ratas como yo, claro está).
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